AFRICA NO ESTA DANDO NADA A NADIE, SALVO SIDA

Kevin Myers (*)

No. No lo voy a hacer. Incluso viendo como los propios Estados Africanos rechazan tomar cartas para restaurar algo que se parezca a civilizado en Zimbawe, la sopa boba mendicante nos la van a pasar, una vez más. Hace casi 25 años ya de la famosa campaña etíope (y de Bob Geldof) para Alimentar al Mundo, y en este tiempo la población de Etiopía ha crecido de 33,5 millones hasta los 78 millones de hoy en día.

Entonces, ¿por qué demonios debo hacer algo para promover este crecimiento demográfico catastrófico en ese país?. ¿Dónde está la lógica?. No existe lógica alguna. De hecho, hay dos hechos que me recuerdan que no existe tal lógica.

Una es mi conciencia, y la otra es la imagen, una vez más, de otro niño de ojos grandes, una vez más, mirando fijamente, una vez más, a la cámara, que una vez más, recoge la tragedia de...

Lo siento. Por deber de conciencia, he recorrido este territorio a pie y con chequera. A diferencia de la mayoría, he estado en Etiopía; como la mayoría, he soltado el dinero que me atracaron las ONG's caritativas para paliar el hambre de allí. El niño de ojos grandes que salvamos, hace unos 20 años, es ahora un buen macho, campechano portador de un fusil Kalashnikov, dando ejemplo a chavales cuando le da por hacerlo.

Habrá, sin lugar a dudas, algún buen argumento para prolongar este  predatorio y disfuncional sistema económico, social y sexual; pero no se en qué consiste. Por otra parte, hay muchas razones para no escribir una columna como esta.

Tampoco voy a ganar amigos, y provocará la comprensible ira, del comprensible remitente de cartas comprensiblemente irritado, un especimen que nunca deja de contaminar casi cualquier debate de la vida pública irlandesa con sus desdeños y su superioridad moral. También probablemente enfurecerá algunos de los mejores hobres de la vida pública irlandesa, como John O'Shea, de Goal; y a los hermanos Finucane, hombres a los que admiro enormemente. Que así sea.

Pero, por favor, por favor, usted que se siente comprensiblemente irritado, permítame hablar de nuestra propia hambruna, con alguna que otra facil analogía. Pero es que no hay comparación. En los 20 años de nuestra hambruna, la población irlandesa bajó un 30 por ciento. En el periodo equivalente, gracias a las remesas de alimentos occidentales, los camiones Mercedes de 10 ruedas y los aviones Hércules, la población de Etiopía se ha doblado.

Aun así, ese desdichado país no está solo en su locura. En algún lugar bajo el sol, ahí está Somalia, otra gran tierra llena de violentos portadores de Kalashnikov, masticadores de khat, abladores de clítoris y vagos barrigudos profesionales. De hecho, ahora tenemos casi todo un continente de indigentes sexualmente hiperactivos, con decenas de millones de personas incapaces de sobrevivir sin la ayuda humanitaria del exterior.

Esta dependencia no ha estimulado precisamente la prudencia política o el sentido común. De hecho, parace que la idiotez vudú está en ascenso, incluyendo al próximo presidente de Sudáfrica y su firme creencia en la eficacia de un poco de agua del grifo en el pene tras el coito como segura prevención contra infecciones sexuales. No es necesario decir que la pobreza, el hambre y la desintegración social no ha evitado las guerras que asolan Etiopía, Uganda, Congo, Sudan, Somalia, Eritrea etc. Son solo gruesas pinceladas. Pero es a base de gruesas pinceladas que la historia pinta sus más llamativos, y también decisivos, capítulos. Japón, China, Rusia, Korea, Polonia, Alemania, Vietnam, Laos o Camboya en el siglo XX han sufrido peores pinceladas en su historia que casi cualquier parte de Africa.

Ahora están, de una forma u otra, practicamente todos dando ayuda a Africa o invirtiendo en Africa, mientras que Africa, con sus grandes sabanas y su exuberante vegetación, no está dando practicamente nada a nadie, aparte de SIDA.

Mientras tanto, las gentes de Africa están esquilmando sus recursos, además de causar catastróficas degradaciones ecológicas. Para el 2050 la población de Etiopía será de 177 millones: el equivalente de las actuales poblaciones de Francia, Alemania y Benelux juntas, pero localizados en un reseco y cada vez mas desertizado erial del valle del Gran Rift.

Por tanto ¿dónde está el sentido de seguir incrementando activamente la población adulta de lo que ya es una zona sobradamente superpoblada, ecologicamente devastada y economicamente dependiente?.

¿Donde está la moralidad de salvar del hambre a un niño etíope, para que sobreviva en un ambiente de brutales circuncisiones, pobreza, hambre, violencia y abuso sexual, y que dará lugar a otra media docena de niños de ojos saltones, e iguales perspectivas vitales por delante? Si bueno, puede que te haga sentir mejor, que es la primera razón de tanta caridad. Pero no es suficiente. Precisamente esta generosidad entendida como un sentimiento egoísta ha sido una de las maldiciones de Africa. Ha mantenido sistemas políticos que de otra forma se hubieran derrumbado solos.

Por ejemplo, ha permitido prolongar la guerra de Eritrea-Etiopía por más de una década. Y este mismo sentimiento está inspirando el programa de Bill Gates para librar al continente de la malaria, cuando, en un ambiente de total falta de disciplina personal, esta enfermedad es una de las más eficaces formas de control de población ahora operativas.

Si el programa sale adelante, se jacta de que decenas de millones de niños que de otra forma hubieran muerto durante su infancia sobrevivirán hasta la edad adulta. Muy bien, ¿y luego qué?. Si claro, dejémosles venir aquí. Es solo una idea.

 
(*) Kevin Myers es periodista y escritor irlandés. Escribe regularmente para el Irish Independent.

 

 

 

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