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De 1949 a 1959, en plena
guerra fría, los Americanos, por medio de sus servicios secretos y del Comité
para la Europa Unida, transfirieron el equivalente actual a 50 millones de
dólares para los movimientos pro-europeos, entre ellos estaban los del británico
Winston Churchill o del francés Henri Frenay. Su objetivo, contener la expansión
soviética...
A sus 82 años, Henri Frenay, pionero de la Resistencia Francesa, fundador del
movimiento de la resistencia Combat, hace gala de una agilidad mental asombrosa
a pesar de su sordera en el oído derecho y su reciente operación de estómago. No
le quedan más de tres meses de vida. En estos días de mayo de 1988, me habla de
Europa en su apartamento de Boulogne-sur-Seine. De esta Europa federal que soñó
en vano entre 1948 y 1954. De la deuda que también, en caso de éxito, el Viejo
Continente hubiera adquirido hacia los Americanos, especialmente los del
"Comité". E insiste una vez, dos veces, diez veces, mientras que yo me pregunto:
¿por qué diablos este misterioso "Comité" aparece con tanta frecuencia en
nuestras conversaciones?. ¿Por qué?. Según me confía el propio Frenay, si bien
es cierto con mucha cautela, su último secreto: la ayuda financiera oculta de la
CIA , a través del Comité Americano para la Europa Unida, el Comité, a la Unión
Europea de los federalistas del que él fue presidente. Para reconstituir este
episodio oculto, habré necesitado quince años. Todo este esfuerzo ha merecido la
pena ya que permite abrir, para los lectores, la puerta a uno de los asuntos más
secretamente llevados durante la guerra fría.
Todo comienza en otoño de 1948. Ya partida en dos, Europa vive bajo la amenaza
de una invasión total de la armada roja. Al "golpe de Praga" en febrero, le
sucede en junio el bloqueo de Berlín. Un pequeño círculo de personalidades en la
sombra crea las bases del Comité Americano para la Europa Unida, la ACUE, cuya
existencia será oficializada el 5 de enero de 1949 en la sede de la fundación
Woodrow-Wilson en Nueva York. Políticos, juristas, banqueros, sindicalistas se
reunirán en el seno de su consejo de dirección. Altos cargos gubernamentales
como Robert Paterson, secretario de Guerra, James Webb, jefe de la oficina
presupuestaria, Paul Hoffman, jefe de la administración del Plan Marshall o
Lucius Clay, el "proconsul" de la zona de ocupación americana en Alemania.
¿Eso es todo por parte americana? No, puesto que el verdadero núcleo de la ACUE
proviene de los servicios secretos. Cojamos a su presidente, William Donovan.
Nació en 1883 en Buffalo, este abogado de origen irlandés y complexión física de
bulldog, apodado "Wild Bill" por sus amigos, conocía bien Europa. En 1915, ya
llevó a cabo una misión humanitaria a cargo de la Fundación Rockefeller. Dos
años más tarde, Donovan volvía al Viejo Continente para participar exitosamente
en la Gran Guerra. Ya de civil, "Wild Bill" se va a convertir en el hombre de
confianza del gobierno americano. Sus méritos como emisario oficioso le llevan a
Europa para tener contactos a veces imprevistos. En enero de 1923, mientras
disfrutaban de un merecido descanso, su mujer Ruth y él deberán soportar una
tarde entera los gritos de otro habitual de la pensión Moritz de Berchtesgaden.
Diecisiete años más tarde, el agitador, un tal Adolf Hitler, se hará dueño y
señor de la parte continental de Europa, y será "Wild Bill" al que Franklin
Roosevelt, preocupado, envía a Londres a detallar, junto con Winston Churchill
sobre el potencial británico de cara al avance nazi.
En junio de 1942, Donovan, hombre de confianza del presidente demócrata para los
asuntos especiales, crea la Oficina de Servicios Estratégicos ( OSS), que
será el servicio secreto americano durante la Segunda Guerra Mundial y del que
será su máximo responsable hasta su disolución, en septiembre de 1945, sin
llegar a perder el contacto con todo el mundo del espionaje:"Wild Bill" teje los
vínculos privilegiados con la Central Intelligence Agency, la CIA, creada
oficialmente el 15 de septiembre de 1947 por una ley de seguridad nacional
firmada por el sucesor de Roosevelt, Harry Truman.
Cojamos al vice-presidente de la ACUE Walter Bedell Smith, antiguo jefe de
estado mayor de Eisenhower durante la Segunda Guerra Mundial y más tarde
embajador de los Estados Unidos en Moscú. A partir de octubre de 1950, aquel al
que sus amigos llamaban el "escarabajo" (beetle en inglés) va a tomar el mando
de la CIA. En ese mismo año de 1950, dos universitarios Frederick Burkhardt y
sobre todo William Langer, historiador en Harvard, lanzan la sección cultural de
la ACUE. Estos dos personajes tan próximos a Donovan habían servido antes a la
OSS. Langer había dirigido el servicio de Investigación y Análisis y, excelente
conocedor de la política francesa, se había empleado durante la posguerra a
estudiar los tratos del Gobierno de EU con la Francia de Vichy y redactó un
informe oficial que se publicó después como libro "Our Vichy Gamble".
Cojamos sobre todo a Allen Dulles. En verano de 1948, es el quien ha "inventado"
el Comité junto con Duncan Sandys, el yerno de Churchill, y George Franklin, un
diplomático americano. Principal asociado del gabinete de juristas Sullivan &
Cromwell, Dulles no impresiona mucho de entrada con sus gafitas, su pipa de
madera y su chaqueta tweed. Salvo que es un quincuagenario, un maestro del
espionaje que entra en juego.
Pero volvamos a la Segunda Guerra Mundial. El jefe de la OSS en Berna, Dulles
toma contacto en febrero de 1943 con la delegación de la Resistencia en Suiza.
Por un tiempo, se encargará de asegurar la financiación del movimiento
clandestino. "Puñalada por la espalda al General de Gaulle", protesta Jean
Moulin en nombre de la Francia libre. "Razones de supervivencia de la
Resistencia interior amenazada por estrangulamiento económico", remarca Frenay.
Pensando sobre todo en sus camaradas privados de medios, en los guerrilleros en
peligro, no ve por qué la Resistencia debe rechazar un dinero aliado concedido,
según acuerdo, sin contrapartida política. Este "caso suizo" va a envenenar aun
más su relación con Moulin.
En 1946, Dulles sale de los servicios secretos... para convertirse enseguida en
la eminencia gris, teniendo bajo su responsabilidad la redacción del texto de la
ley presidencial sobre la seguridad nacional. Cofundador de la CIA (la Agencia o
la Compañía), Dulles piensa ya que en materia de acción clandestina, lo privado
y lo público deber unir sus fuerzas. El mismo había inspirado, por medio de sus
amigos del Club Brook de Nueva York, el envío de subsidios de las grandes
corporaciones americanas a la democracia cristiana amenazada por un partido
comunista muy potente de aquellas. En 1950, va a tomar cargo como brazo derecho
del "escarabajo" primero, para sucederle más tarde al frente de la CIA, de
febrero de 1953 a septiembre de 1961. Fue un record de duración en el cargo más
impresionante aun que el de su hermano mayor John Forster Dulles, que
permanecerá en el Ministerio de Asuntos Exteriores de 1953 hasta su muerte por
enfermedad en mayo de 1959.
Impresionante mezcla en el ACUE, donde personalidades de la alta sociedad y/o de
la CIA iban de la mano con los dirigentes de la poderosa central sindical
American Federation of Labor (AFL), con la que compartían su aversión al
comunismo. Ejemplos: David Dubinsky, nacido en 1892 en Brest-Litovsk, en Rusia,
dirige el Sindicato internacional de la confección para señoras (ILGWU): 45.000
afiliados a su llegada en 1932, 200.000 afiliados a finales de los años 40!.
Enemigo encarnizado de los nazis ayer (los sindicalistas próximos a la ACUE son
casi todos judíos), son ahora los comunistas, los "cocos", a los que tienen a
partir de ahora por objetivo. Jay Lovestone también. Consejero político de el
AFL, este Lituano de origen sabía de lo que hablaba: antes de su brutal
exclusión debido a la ruptura con el marxismo, fue, entre 1925 y 1929, ¡el
secretario general del Partido Comunista Americano!. Otra adquisición para el
Comité, Arthur Goldberg, fue el mejor jurista de la AFL. Futuro Secretario de
Trabajo del presidente Kennedy y mas tarde juez de la Corte Suprema, Goldberg,
nacido en 1908, dirigió la sección sindical de la OSS. Como tal, fue durante
este tiempo el superior jerárquico de Irving Brown, su subordinado durante dos
años. Brown, represante del AFL en Europa, fue el gran dispensador de dolares
hacia los sindicatos más moderados del Viejo Continente. Extrayendo dinero de
los fondos reservados de la todavía joven CIA, que financiaba desde 1946 todas
las operaciones anticomunistas de la AFL, este personaje duro de roer no va a
defraudar, por ejemplo, sosteniendo a Force Ouvriere, la central sindical nacida
a finales de 1947 de la escisión de la CGT. Pura y dura, la línea Brown
contrasta por lo demás con la línea más moderada, de la CIA. En la CIA, hubieran
preferido que los no-comunistas permanecieran dentro de la
CGT, aunque fuera controlada por el PCF...
Pero más allá de las particularidades, hay una estrategia conjunta. Para hacer
frente a la Unión Soviética, Washington desarrolla dos conceptos claves: la
contención (Containment) y el Plan Marshall. La idea de la contención, proviene
de un diplomático rusófono, George Kennan, que la desarrolla desde julio de 1947
en un artículo de la revista Foreign Affairs:"El principal elemento de la
política de los Estados Unidos hacia la Unión Soviética debe ser la de la
contención a largo plazo, paciente pero firme, de las tendencias expansionistas
rusas."
El plan Marshall, por su parte, lleva el nombre de su creador George Marshall,
jefe de estado mayor de la Armada Americana durante la guerra, y ahora
convertido en Ministro de Asuntos Exteriores del presidente Truman. Al aportar
ayuda masiva a los países de Europa arruinados por la guerra, los Estados Unidos
deben, según él, cumplir un doble objetivo:primero, restar apoyos a los partidos
comunistas mediante un alza rápida en los niveles de vida de esos países; y
segundo, impedir que su industria se hunda en la depresión al abrirles nuevos
mercados.
Para el tandem Marshall-Kennan, no había mejor herramienta que la CIA. Y será
naturalmente otro antiguo de la OSS, Franck Wisner Jr, el encargado de organizar
un departamento autónomo especializado en la guerra psicológica, intelectual e
ideológica, la "Office of Policy Coordination". Si el viejo "Wiz" no formaba
parte del CIA, sus hombres le proporcionarán toda la logística necesaria. ¡Pero
cuidado! se trata de alto secreto...
El ACUE aúna sin complejos una cierta forma de mesianismo americano con la mejor
defensa de los intereses de Estados Unidos. Mesianismo, esta voluntad bien
tozuda de colocar al Viejo Continente bajo la escuela del Nuevo Mundo. Faro de
la libertad amenazada, América ha encontrado, de forma pionera, la vía de una
federación de Estados, éxito sin precedentes que Europa no tendrá mas remedio
que imitar...Este europeismo "made in Washington" tiene su parte de sinceridad:
"Me llaman el padre de los servicios secretos, pero preferiría que se acordaran
de mi por mi contribución a la unificación de Europa", suspiraba Donovan en
octubre de 1952.
Para ellos al menos estaba muy claro. En diciembre de 1956, tres meses antes de
su muerte, el propio Donovan presentará la Europa unida como "una muralla contra
las agresivas amenazas del mundo comunista". Es decir, un suplemento de la
estrategia americana concebida por Marshall, Kennan y sus sucesores: construir
Europa, es llenar un vacío continental que solo beneficia a Stalin, para de esta
forma, proteger a los Estados Unidos.
Añadamos una tercera dimensión. En el espíritu de los hombres de la CIA, no hay
nada más noble que una acción clandestina al servicio de la libertad. Todo
oficial de la CIA lo sabe: los Estados Unidos nacieron en buena parte gracias al
apoyo de los agentes secretos de Luis XVI, Beaumarchais a la cabeza, a los
insurgentes norteamericanos. De esta forma la operación "American Committee", la
más importante, y dirigida desde lejos, por la CIA en Europa durante la guerra
fría, se encuentra justificada por la historia.
Por muy calurosa que sea, la amistad franco-americana no podrá alcanzar el
"vínculo especial" entre Gran Bretaña y los Estados Unidos. En vista de ello, el
Comité y la CIA se centrarán en Londres. Pero he aquí que Churchill, vencido en
las legislativas de 1945, se pudre en la oposición. El nuevo Secretario de
Estado Británico de Asuntos Exteriores, Ernest Bevin, proclamó el 2 de enero de
1948 en la Cámara de los Comunes: "Las naciones libres de Europa deben ahora
reunificarse". Eso no quita que sus colegas del gabinete laborista y él mismo
repudiaran con horror la perspectiva de una verdadera integración continental.
Tampoco teme Bevin enfrentarse a los comunistas: dos días después de su discurso
de enero, crea un organismo clandestino de guerra ideológica, el "Information
Research Department" (IRD). Este mismo IRD que, considerando "Rebelión en la
granja" y "1984" más eficaces que mil folletos de propaganda, va a contribuir a
difundir por todo el mundo las obras de George Orwell. Pero el mapa de Europa
Unida, ¡eso si que no!.
Esta carta, ¿la juega Churchill de su lado por convicciones profundas o por mera
aversión a sus rivales políticos de guerra?. El hecho es que el 19 de septiembre
de 1946, en Zurich, el Viejo León apela a un eje anglo-franco-alemán, núcleo
principal según él de una "especie de Estados Unidos de Europa". Los hechos son
que en mayo de 1948, Duncan Sandys, crea a la medida de su suegro hombre de
Estado el Congreso Europeista de la Haya. Que en octubre de 1948, Churchill crea
el United European Movement, el Movimiento Europeo. Que se convierte en su
presidente de honor junto con dos demócratas-cristianos, Alcide De Gaspieri y el
alemán Konrad Adenauer, y dos socialistas, el francés Leon Blum y el belga
Paul-Henri Spaak. Desgraciadamente para los "amigos americanos", esta tendencia
"unionista" no propone, salvo por parte de Spaak, más que objetivos europeos
limitados. Reconstrucción económica y política sobre una base democrática, si,
pero sin transferencia, ni tan siquiera parcial, de soberanía.
El Comité y su tendencia "federalista", del que Henri Frenay emerge como su
figura emblemática, quiere, por su parte, llegar más lejos. Durante las horas
más dramáticas de la Segunda Guerra Mundial, Frenay, patriota mundialista,
concibe la idea de un Viejo Continente unificado bajo una base supranacional. En
noviembre de 1942, nos dirá Robert Belot cuarenta años más tarde en un memorable
trabajo sobre Frenay que le valdrá su habilitación a dirigir las investigaciones
de la Universidad, el jefe de Combat escribirá al General de Gaulle que era
necesario sobrepasar la idea de Estado-Nación, reconciliarse con la Alemania de
la posguerra y construir una Europa Federal. Lógico consigo mismo, Frenay se
moviliza a partir de 1946 en esta cruzada europeista junto con Alexandre Marc.
Lipiansky nació en Odessa en 1904, este teórico del federalismo se cruzó con la
trayectoria de Frenay en Lyon en 1941, y más tarde en la posguerra. A diferencia
del europeismo de derechas inspirado por las tesis monárquicas maurrasianas o
del catolicismo social, nuestros dos amigos tratarán por su parte de
izquierdizar el federalismo francés a base de "varias decenas de miles de
adhesiones", como me aseguraría el antiguo jefe de Combat en 1988.
Orientado a la izquierda, la Unión Europea de federalistas, la UEF, se crea a
finales de 1946. Organizarán su propio congreso en Roma en septiembre de 1948.
Frenay se convierte en el presidente de su comité ejecutivo, junto con el
ex-comunista italiano Altiero Spinelli, prisionero de Mussolini entre 1927 y
1937 y más tarde con arresto domiciliario, y del austriaco Eugen Kogon, víctima,
por su parte, de un campo de concentración nazi que detallará en su libro
"L'Etat SS". Estos tres dirigentes atenuarán el profundo malestar originado con
la participación de numerosos miembros de la UEF en el congreso de La Haya,
donde Churchill y su yerno Sandys se encargarán de meterlos en su harina
"unionista".
¿Será necesario escoger entre el Viejo León y el pionero de la Resistencia
interior francesa con su internacionalismo radical? Cosas del Comité, por tanto
de la CIA. Para Churchill, su talla de hombre de Estado, de aliado de la guerra,
su simpatía declarada por el "gigante" estadounidense; en contra, su rechazo
empedernido del modelo federalista tan querido por los europeistas americanos y
desde los comienzos, sus violentas discusiones con el atlantista Spaak. En marzo
de 1949, Churchill y Donovan se citan en Washington. En junio, le escribe para
solicitar el traspaso de fondos de emergencia (aunque millonario a nivel
personal, el antiguo Primer Ministro británico no quiere sacar de su propia
hucha). Algunos días más tarde, Sandys acepta por correo la petición de su
suegro: hace falta dinero rápido o el Movimiento Europeo de Churchill se
desmoronará. El Comité y la CIA, principales valedores de fondos, desbloquean
entonces una primera suma equivalente a poco menos de 2 millones de nuestros
euros. Esto permitirá "preparar" las primeras reuniones del Consejo de Europa de
Estrasburgo, que convoca mediante asamblea consultiva a un comité de ministros
sin poder real y decidiendo por regla de unanimidad.
Para sostener a sus socios del viejo continente, ACUE y CIA traman unos
complejos circuitos financieros. Los dólares del tío Sam, el equivalente a 5
millones de euros entre 1949 y 1951, el mismo importe anual por lo demás,
provienen principalmente de fondos asignados especialmente a la CIA por el
Departamento de Estado. Serán además repartidos clandestinamente por los
dirigentes del Movimiento Europeo: Churchill, su yerno, el secretario general
Joseph Retinger, y el tesorero Edward Beddington-Behrens. En octubre de 1951, la
vuelta de Churchill a Downing Street, residencia del Primer Ministro inglés, no
agotará las remesas: entre 1949 y 1953, la CIA va a dirigir hacia los unionistas
el equivalente actual de más de 15 millones de euros, con la condición de
distribuir una parte de los mismos a sus rivales de la Federación, es decir, la
tendencia derechista del federalismo francés, la cual devuelve enseguida su
parte alícuota a la UEF. Sumas importantes pero sin comparación posible a las
cantidades que el aparato estalinista internacional, el Kominform, invertirá en
ese mismo momento en la financiación subrepticia de los PC nacionales y de los
incontables "frentes populares": Federación sindical mundial de Praga,
Movimiento por la paz, movimientos de la juventud, de estudiantes, de mujeres...
Para Frenay, está claro: la Europa federal constituye actualmente el único
escudo eficaz contra el expansionismo comunista. ¿Pero como seguir adelante sin
llegar a la movilización como en la guerra?. La UEF no es rica. Su presidente
aun lo es menos, cuya probidad es reconocida por todos, tras su paso por el
Ministerio de Prisioneros, Deportados y Refugiados, Frenay, antiguo oficial de
carrera sin fortuna personal, se retiró del ejército a raíz de la ley Diethelm
de salida de los mandos. Como en tiempos del "affaire suizo", ¿la salud
financiera vendrá del aliado americano?. Así es, según aseguran en verano de
1950 los hombres de la ACUE a un representante francés de la UEF en visita a
Nueva York. Conforme a la posición oficial del gobierno americano en favor de la
integración europea, su ayuda será prestada sin ninguna contrapartida política
ni de cualquier otro tipo, condición sine qua non a ojos de Henri Frenay. De
hecho, a partir de noviembre de 1950, la ACUE va a financiar secretamente por
valor de unos 600.000 euros una de las mayores iniciativas de Frenay y los
federalistas de izquierda: la creación a Estrasburgo, en paralelo al
oficialmente constituido Consejo de Europa, de un Congreso de pueblos europeos,
denominado Comité Europeo de Vigilancia.
Se asociarán a este proyecto diversos socialistas (Edouard Depreux), religiosos
(el padre Chaillet, fundador de Testimonio Cristiano), sindicalistas, militantes
del sector cooperativo, representantes de la patronal e incluso...gaullistas
como Michel Debré o Jacques Chaban-Delmas. Poco conocido mediáticamente, el
proyecto por poco fracasa. Razón de más para acentuar el apoyo financiero, obra
del secretario general de la ACUE, Thomas Braden. Conocido por sus opiniones
liberales, este amigo del pintor Jackson Pollock, no dudará ni un momento cuando
Donovan, su antiguo patrón en la OSS, le pide que abandone la dirección del
Museo de Arte Moderno de Nueva York.
En julio de 1951, Franay efectúa a su vuelta del viaje de los Estados Unidos,
bajo los auspicios del "Congreso por la libertad de la , organización sobre la
que volveremos pronto. Fue una oportunidad para reunirse con los dirigentes del
Comité y los de la Fundación Ford (pero no con los de la CIA con los que no
mantendrá nunca contacto directo) para hacerles partícipes de los deseos
materiales de los federalistas. Mensaje recibido, y devuelto, por los
Americanos...
Para esta fecha, Branden no figura ya entre los dirigentes oficiales de la ACUE.
En virtud del principio de vasos comunicantes, el agente secreto esteta se acaba
de reunir con Dulles en la CIA. Ambos comparten esta buena idea: contra los
comunistas, no es a los conservadores a los que hay que convencer, sino a la
izquierda antiestalinista europea, de los que Frenay constituye uno de sus
mejores representantes. Branden va más lejos y defiende:"Como hace el adversario
en el Kominform, estructurarnos a nivel mundial por grandes sectores de
actividad: intelectuales, jóvenes, sindicalistas reformistas, izquierda
moderada...". Está bien, responde Dulles. Nace así la División de las
organizaciones internacionales de la CIA. Dirigido por Branden, esta dirección
centralizada, entre otras, es la ayuda de la CIA a través de la ACUE a los
federalistas europeos. En 1952, el Comité Americano para la Europa Unida
financia también el efímero Comité de Iniciativas para la Asamblea Constituyente
Europea, del que Spaak será su presidente y Frenay, su secretario general.
Rompiendo con la "Federación", su rival de derechas que había servido hasta
entonces de intermediarios para el trasvase de fondos CIA-ACUE por la
intermediación del movimiento churchiliano, los amigos de Frenay se encontrarán
pronto al borde de la asfixia. Para terminar con esta situación, Branden,
especialista de la financiación subterránea a través de fundaciones privadas más
o menos tapadera, va, esta vez, a poner en marcha un procedimiento de pago
directo a los federalistas de izquierda por antenas para-gubernamentales
americanas. En París, vitrina de operaciones de la CIA en Europa junto con
Francfort, utilizarán como enlace la Oficina Especial de Representantes,
conocida al principio por servir de puente con la entonces joven Comunidad
Europea del Carbón y del Acero (CECA), o del Servicio Americano de Información
(USIS). Además, la ACUE abrirá su propia oficina.
Como Jean Monnet, presidente de la CECA, Frenay acaricia, este mismo año de
1952, la idea de un ejército europeo, paso decisivo hacia la Europa política
según él. La ACUE lo aprueba calurosamente. Previsto por el tratado de Londres
de 1952, esta Comunidad Europea de Defensa (CED) comprendía, y esto era su punto
más espinoso, contingentes alemanes. Solo falta ratificar el tratado por los
parlamentos nacionales. Frenay se compromete con entusiasmo en este nuevo
combate. Se enfrentará, una vez más, a de Gaulle, que rechaza la CED en nombre
de la soberanía nacional y además, del proyecto ultrasecreto de fuerza atómica
francesa; también se enfrentará a los comunistas, hostiles por principio a todo
lo que contraría a Moscú. Según datos recopilados por Robert Belot, Frenay
pedirá incluso a la ACUE financiar la edición de un folleto de crítica a... las
tesis gaullistas sobre la CED.
Stalin muere en marzo de 1953. Al siguiente año, Cord Meyer Jr, próximo a la
familia Kennedy, reemplaza a Branden a la cabeza de la División de
organizaciones internacionales de la CIA. Pero 1954 significará el fracaso
definitivo de los europeistas: se olvida definitivamente la CED. Desilusionado,
Frenay abandona entonces la presidencia de la Unión Europea de federalistas. A
partir de octubre de 1955, el "amigo americano" vuelca todo su apoyo en el
recién creado Comité de Acción para los Estados Unidos de Europa de Jean Monnet.
Ligado a Donovan y sobre todo al embajador americano en París, David Bruce,
próximo a Franck Wisner, Monnet es un detallado conocedor del mundo anglo-sajón
como para aceptar directamente dólares de la CIA. Con la prudencia propia de un
Sioux, la ayuda americana a la corriente europeista deberá continuar por otras
vías. En 1956, le ofrecen a Monnet el equivalente a 150.000 euros por parte de
la Fundación Ford. Esta oferta será no obstante rechazada, prefiriendo que sea
destinada al profesor Henri Rieben, economista y profesor universitario suizo
pro-europeo que acaba de ser nombrado encargado de los Altos Estudios
comerciales de Lausanne. Rieben utilizará estos fondos con total transparencia
financiera para crear un Centro de Estudios Europeos.
En 1958, el retorno del
General de Gaulle, radicalmente hostil a las tesis federalistas, anula las
últimas esperanzas de la UEF y de sus amigos americanos. Disolución de la ACUE a
partir de mayo de 1960 a lo que seguirá el cese de la financiación oculta por la
CIA. En doce años, la CIA habrá hecho llegar a los europeistas de todas las
tendencias el equivalente a 50 millones de euros ¡sin haber sido descubiertos
jamás!. ¿Pero podrá guardar el gran secreto por mucho tiempo?.
La primera alerta salta en 1962. Demasiado precisa sobre la financiación
americana, una tesis universitaria sobre los movimientos europeistas que será
ocultada urgentemente en Inglaterra. Este destacable trabajo fue realizado por
el hijo de uno de los camaradas de resistencia de Frenay, Georges Rebattet,
creador en abril de 1943 del servicio nacional de maquis. Georges Rebattet,
sucesor en 1952 de Joseph Retinger como Secretario General del Movimiento
Europeo del que por cierto logró dejar saneado financieramente.
Segunda llamada de atención a mediados de los años 60. La prensa americana (el
New York Times y la revista de izquierdas Ramparts) aprieta las tuercas sobre
una de las filiales del "trust" Braden-Meyer, el Congreso por la Libertad de la
Cultura donde se reúnen la flor y nata de los intelectuales antitotalitarios
europeos : Denis de Rougemont, Manhès Sperber, Franz Borkenau, Ignazio Silone,
Arthur Koestler o, a ratos, Malraux y Raymond Aron. Financiado por la CIA a
través de la Fundación Fairfield, el Congreso edita en francés una de sus
revistas más prestigiosas, Preuves. Jugando a la transparencia, Branden se tira
a la piscina. "Estoy orgulloso de que la CIA sea inmoral", declara en 1967 al
periódico británico Saturday Evening Post, al que confía algunas revelaciones
sensacionales sobre la financiación oculta por la CIA al Congreso para la
Libertad de la Cultura y sobre el papel de Irving Brown en los medios
sindicales. Silencio absoluto, sin embargo, sobre el apoyo a los movimientos
europeistas, el secreto de los secretos...
Ultimo resurgimiento del asunto a partir de junio de 1970, cuando el muy
conservador inglés y europeista Edward Heath llega a Downing Street. A petición
suya, el Departamento de Información e Investigación lanza una gran campaña para
popularizar subrepticiamente el europeismo dentro de los medias y el
establishment político británico. En 1973, Inglaterra entra en el Mercado Común;
en junio de 1975, el 67,2% de los electores británicos ratifican la decisión por
referéndum. En este vuelco de la tendencia en favor de Europa, un hombre se
entrega sin moderación: no es otro que el jefe de la corresponsalía de la CIA en
Londres, Cord Meyer Jr. El viejo Cord que reemplazaría veinte años antes a su
amigo Branden a la cabeza de la División de organismos internacionales de la
CIA.
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