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El
"decrecimiento" es percibido como una consigna más que como un programa
consistente o como un proyecto de sociedad. Los debates en el seno de
estructuras asociativas que van apareciendo poco a poco se preguntan sobre el
sentido mismo de este término un tanto ambivalente: por una parte constatamos a
la vez la carga radical de emotividad y de reacción reveladora en nuestro
imaginario que suscita su utilización; por otra parte constatamos igualmente, la
incomprensión y el malentendido sobre el verdadero objetivo que suscita este
término. En resumen, diremos que "decrecimiento" es un movimiento naciente pero
que a la vez está calando en la sociedad aunque también sufre mucha
incomprensión e incluso un rechazo radical[1]. El debate sobre la utilización de
este término, iniciado en el seno del movimiento, continua, lo que pudiera
desembocar en una reformulación del término (quizás bajo el nombre de "política
de civilización" como lo defiende E. Morin por ejemplo, utilizándolo para
oponerlo a lo que Besson-Girard llama la "descivilización material"[2]). Sea como
sea, el término "decrecimiento" tiene el mérito de hacer reaccionar y atacar en
su núcleo duro, en el ojo del huracán, a la "mega-máquina" capitalista, es decir,
a la ideología irreal del crecimiento infinito del PIB, del petróleo y de la
propaganda publicitaria. Hay que recordar desde el principio, para evitar todo
malentendido, que al hablar de decrecimiento lo referimos al crecimiento del PIB
y no al sentido metafísico que comúnmente lo damos al término de "crecimiento".
Los objetores del crecimiento no combaten el sentido metafísico del término
crecimiento (crecimiento espiritual, crecimiento de los vínculos sociales,
crecimiento del individuo que da lugar al arte, la música, la gran cultura, la
ética, la religión). Proponemos, inversamente al crecimiento del PIB, la rabiosa
intensificación de la auto-realización de la vida en cada uno de nosotros, de
"ser uno mismo", de este "crecimiento interior y estar contento consigo mismo"
que conforma nuestras ansias vitales. Porque esta vida frugal, convivial,
intensa, que desborda de vitalidad misma no se puede confundir con el objetivo
del saber científico. Porque a esta vida no le da sentido la biología, sino que
le da sentido una vida verdadera, es decir una vida que transcurra sin distancia
ni diferencia con nuestra infinita ansia interior[3]. Este punto es fundamental
para evitar que a los objetores del crecimiento se nos etiquete de
"reaccionarios", "vichystas", "prehistóricos", o incluso como partidarios de un
"retorno a la edad de piedra"...Insistamos: lo que criticamos es el Becerro de
Oro de la ubicuidad planetaria pero también de la izquierda tradicional, que es
la creencia en la virtud benefactora (en el sentido material, existencial e
incluso moral) del aumento del PIB. El crecimiento del PIB no implica ni
"felicidad perpetua", ni progreso moral, ni embriaguez vital en sí misma. ¡Y sin
embargo esto es lo que nos han venido prometiendo todos los Adam Smith de la
Tierra desde el siglo XVIII...y aun hoy prometen todos los discursos patronales,
publicitarios y políticos tanto de la derecha como de la izquierda!.
Las leyes que guían nuestra acción no son las leyes del mercado, de la
matemática, de la biología o de los cuerpos celestes, sino que son las leyes
estéticas de la sensibilidad, las leyes del don, de la imitación, de la simpatía
y de la empatía, las leyes de la ética y de la responsabilidad que tienen su
fundamento en "el-mundo-sensible-de-la-vida" (vida no en un sentido biológico
sino en el sentido fenomenológico). Nosotros no somos por tanto ni "tecnófobos"
ni "anti-científicos", sino que criticamos la ciencia que se considera sola
en el mundo y que se comporta como tal al convertirse en técnica. Defendemos la
vuelta al momento histórico que precedió a la conmoción ontológica que supuso
que la acción dejara de obedecer a las prescripciones de la vida para someterse
a los principios de la eficacia[4]. Lo que combatimos, no es la ciencia o la
técnica (lo que sería un tanto absurdo), sino esta creencia según la cual la
ciencia es el único forma de acceder al conocimiento[5]. Para nosotros,
junto al
saber científico, también hay un lugar para el saber de la vida en sí misma.
Si observamos la genealogía intelectual de las ideas sobre el decrecimiento,
vemos que el primero en utilizar este término fue un alumno de Schumpeter, el
economista de origen húngaro Georgescu-Roegen. El término "decrecimiento" del
PIB, proviene directamente de la bio-economía, del que fue fundador; no se trata
entonces de un slogan vacío ni se cae por su propio peso como un pájaro ya
muerto al salir de su cascarón...Georgescu-Roegen funda la bio-economía al
transferir los principios de la termo-dinámica a la ciencia económica[6]. Su tesis
principal es que la reflexión sobre los objetivos de la economía (ya sea esta de
orientación clásica, keynesiana, marxista...), es decir la ciencia económica en
su sentido más amplio, descansa desde sus raíces sobre lo impensado de su propio
fundamento: la materialidad de lo existente. La economía, denominada según la
propia etimología griega del término como "ciencia de las leyes del lugar",
abstrae totalmente de la realidad la finitud de la naturaleza. La ciencia
económica desde sus inicios se coloca en la vía inmaterial apartando por
completo la materialidad ecológica. La realidad tal y como es pensada por los
economistas (marxistas, liberales, neo-keynesianos...) es fundamentalmente una
realidad social y económica. Este "monismo ontológico"[7] conforma hoy en
día todo
el espacio intelectual del que se nutren todas las ciencias humanas, económicas,
sociales, independientemente de sus tendencias y divergencias internas.
El hecho de abstraer la finitud de la naturaleza, entraña pronto un nuevo
imaginario del crecimiento sin límite, la idea según la cual siempre podremos
tirar sobre el "capital natural" (¡y sin embargo finito!): es la ideología productivista, que no se limita al propio capitalismo occidental, sino que se
extendió también al "capitalismo burocrático" (en expresión de G. Debord), es
decir al comunismo real.

Hoy en día esta tensión entre la ciencia económica y la naturaleza, desembocará
o ya ha desembocado, en el expolio/estrago del Planeta. La tesis en boga y ya
predominante cuando se citan los grandes del capitalismo está ya consensuada, y
es que no hay necesidad de salir del sistema económico, de cambiar las
estructuras de nuestra vida cotidiana, sino que habrá que utilizar la técnica y
la ciencia (y sin embargo fuente misma de nuestro desequilibrio actual cuando
son consideradas como el único medio de acceder al saber) para permitir que este
sistema muerto que es la organización actual de nuestras sociedades, sobreviva.
Es la tesis del desarrollo sostenible[8].
El mensaje fundamental que aporta la tesis del decrecimiento en la actual escena
política, y sin el cual no estaría del todo claro la razón de ser de tal
movimiento, es el de rebelar la aporía de las "falsas buenas soluciones" del
desarrollo sostenible. Por tanto avanza la tesis del "efecto rebote" al criticar
la trampa que supone el ahorro realizado con las energías alternativas (bio-carburantes...):
el efecto del crecimiento del volumen es más importante que la reducción de la
fuente del factor de contaminación. La utilización de energías alternativas en
una sociedad de crecimiento es contra-productivo, y no hará más que aumentar el
volumen global de contaminación emitida. El problema del desarrollo sostenible
es que es un verdadero y trágico engañabobos, porque no es capaz de
vislumbrar que el crecimiento anula por completo, por efecto del volumen, los
efectos positivos de sus directivas. Las soluciones científicas y técnicas son
por tanto un engaño porque no son nunca suficientes. Lo peor es que las
reducciones en origen de los factores de polución que se realizan, son perdidas
debido al incremento del volumen de los factores de producción reducidos: es el
efecto contra-productivo que anula los efectos beneficiosos conseguidos. Con el
desarrollo sostenible se consigue dar rienda a los excesos tecno-científicos que
nos llevan a la catástrofe ecológica mayor y/o al "accidente integral"[9]. El
decrecimiento lanza la idea de que no es solamente necesario cambiar el nivel de
los factores de polución en origen (tesis del desarrollo sostenible y hoy en día
del capitalismo internacional), sino que sobre todo es necesario cambiar
nuestros modos de vida en lo concreto de cada acto, de cada saber-hacer
cotidiano (praxis), ligando por tanto su proyecto al situacionismo, que no tenía
otro fin como tal, que el de transformar los elementos de la vida cotidiana en
un sentido revolucionario[10]. Por tanto no solo necesitamos derrocar al
capitalismo, necesitamos también una "inversión civilizacional" (E. Morin).
¡No
nos hace falta solamente una política, sino también una meta-política!. Una gran
transformación de nuestros imaginarios.
Georgescu-Roegen no es ni de lejos, el único intelectual precursor del
decrecimiento. Otras figuras de proa del movimiento han sido por ejemplo Karl
Polanyi (la Gran Transformación), Marcel Mauss (el paradigma del don), Pierre
Clastre (la sociedad contra el Estado), Ivan Illich (sobre la educación, el
desarrollo, la técnica...), Jacques Ellul (sobre la técnica, sobre las estrechas
relaciones entre el anarquismo y el cristianismo), Edgar Morin (sobre la
ambivalencia del progreso), François Partant (sobre el desarrollo), Bernard
Charbonneau (sobre la adaptación/desadaptación a un territorio), André Gorz
(sobre Illich, la ecología política y la economía de lo inmaterial), Serge
Latouche (sobre el antiutilitarismo), Alain Gras, Mario Buonatti, Gilbert Rist,
Pierre Rabhi, Marie-Dominique Perrot, Jacques Grinewald...El decrecimiento nace
de la crítica al desarrollo que es la crítica a las políticas de desarrollo
entre los años 1950-1970 en los países "sub-desarrollados". Después de 1992
cuando el concepto de "desarrollo sostenible" se ratifica en la cumbre de
Río,
las críticas al desarrollo han reconocido en este nuevo concepto, una mutación
ecológica del concepto de desarrollo: de ahí la consigna proferida: "¡Abajo la
impostura insostenible del desarrollo sostenible!"
Este movimiento[11] nacido en muchos casos de una corriente "tercermundista" crítica
sobre sí misma, se ha propuesto sobrepasar
la propia crítica al capitalismo para hacer una crítica de las políticas de
desarrollo[12], o como afirma E. Morin, de la civilización misma.
Hoy en día, una parte del movimiento ecologista radical nacido de la crisis
suscitado por el balance de participación de los Verdes en la Izquierda plural,
ha sabido hacer fructificar este nuevo movimiento radical y sin concesiones a
los poderosos. Un poco por toda Francia, grupos de "objetores del crecimiento"
se constituyen en "talleres" de reflexión, que comparten e intercambian para
subvertir en lo concreto los deseos comunes evitando radicalmente las redes de
producción y de distribución capitalista. Es el caso del movimiento A.M.A.P. en
Francia o la constitución de huertos ecológicos colectivos en las afueras de las
ciudades. Allí se están produciendo experiencias de auto-producción realizadas
por mediación de empresas cooperativas de auto-gestión o de comunidades
agrícolas. Un poco por todos los lados, los objetores del crecimiento practican
la simplicidad voluntaria, una forma de sobriedad expresada en su forma de
consumo. Esta estrategia seguida por el movimiento, es la del "aquí y ahora" del
saber hacer de cada uno, y no el de un hipotético retorno a cualquier forma de
sentido de la historia[13], lo que por lo demás acerca a los objetores del
crecimiento con la corriente del "socialismo primitivo" de comienzos del siglo XIX[14].
El decrecimiento se ajusta al proyecto de eco-democracia de Takis Fotopoulos[15], de
Raimon Panikkar[16] y de Alberto Magnaghi[17], tratando de desarrollar la utopía local
mediante una revitalización del espacio concreto de nuestras vidas a través de
una democracia de proximidad constituida en términos de "demos" y de "bioregiones".
Aunque por el momento, como afirma Takis Fotopoulos, "presentarse a las
elecciones locales nos da la oportunidad de cambiar a la sociedad desde abajo,
que es la única estrategia verdaderamente democrática, frente a los métodos
estatistas (que se proponen cambiar la sociedad desde lo alto amparándose en el
poder del Estado) y los acercamientos a la denominada "sociedad civil" (que no
pretenden nunca cambiar el sistema).
[1] En relación al término "decrecimiento", ver el artículo de Paul Ariès "La
décroissance, un mot obus" en La Décroissance, n°26, avril 2005
[2] Jean-Luc Besson-Girard, "Decrescendo cantabile. Pour une
décroissance harmonique". 2005 Parangon
[3] Una vida fenomenológica de principio a fin que dirían los filósofos.
[4] Profundizar al respecto con los análisis de Ellul
[5] Aquí nos remitimos a los trabajos del filósofo francés Michel Henry y especialmente su obra
"La Barbarie", Puf 2005,
y más en profundidad podemos estudiar sobre la ciencia la obra de Edmund Husserl, La Crise
des sciences européennes et la phénoménologie transcendantale,Gallimard 1989
[6] Una presentación original del punto de vista de la obra de Georgescu-Roegen,
la tenemos en «Nicholas
Georgescu-Roegen ou l’invention de la bioéconomie» de Philippe Dulbecco y Pierre Garroustedans Problèmes
économiques de enero 2005, p.41-48
[7] Es decir, este esencialismo unilateral de lo que
es "en sí mismo"
[8] Pero aun peor que la tesis del desarrollo sostenible es la que afirma la
necesidad de adaptarse al calentamiento global sin ninguna voluntad de cambiar
el rumbo de las cosas. Nuestro amigo Yves Copoens, como parte de la comunidad
científica tras el informe de la ONERC (Observatorio Nacional sobre los Efectos
del Recalentamiento Climático) del 24 de junio del 2005 (Un
climat à la dérive: comment s'adapter), se ha convertido a esta nueva corriente sin ningún atisbo de
voluntarismo político. Si hace más calor y si los paisajes mediterráneos se
desertizan, ¡tendremos que pensar en ponernos mas crema solar!
[9] Hacemos aquí referencia a la obra de Paul Virilo "La velocidad de la
liberacion" Manantial, Buenos Aires, 1995.
[10] ver G. Debord, « Perspectives de modifications conscientes de la vie
quotidienne » en la revista Prétentaine n°4 de mayo de
1995
[11] Para ver los sitios web en internet que
gravitan en torno al decrecimiento, consultar la siguiente página de
vínculos.
[12] Existe una presentación muy pedagógica e inteligente sobre las críticas
existentes a la ideología del desarrollo, que se puede descargar desde
aquí.
[13] Una aproximación revolucionaria al decrecimiento en "Ecofascismo
o ecodemocracia" en Le Monde Diplomatique noviembre 2005.
[14] Sobre este asunto recomendamos el libro de Jean-Claude
Michéa, "El callejón de Adam
Smith. Sobre la imposibilidad de superar al capitalismo por la izquierda",Editions
Climats.
[15] Takis Fotopoulos, "Vers une démocratie
générale, Une démocratie directe, économique, écologique et sociale", Seuil,
Paris, 2001. También cuenta con su propio sitio web
Réseau
International pour la Démocratie Inclusive.
[16] Raimon Panikkar, "Politica e
interculturalita", L’Altrapagina, Citta di Castello, 1995
[17] Alberto Magnaghi, "Le Projet
local", Mardaga, Bruxelles, 2003 |
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