A
medida que se acumulan las evidencias de que está próximo el cenit del petróleo,
cada vez más gente siente preocupación por esta problemática que desafía casi
todas las creencias sociales sobre el futuro y el asunto de qué hacer al
respecto está a la orden del día. De forma previsora, los catastrofistas por la
supervivencia están saltando con sus "soluciones" que valen igual para un roto
que para un descosido. Este tipo de respuestas ya habían aparecido en los años
20, cuando las creencias de los Cristianos Evangélicos en el inminente
Apocalipsis se unió con la retórica de la América tradicional que oponía las
ciudades ricas, populosas y lujuriosas con el mundo rural tradicional pobre,
aislado y supuestamente más virtuoso para crear las primeras ideologías para la
supervivencia post-apocalíptica. Desde entonces los apocalípticos de la
supervivencia insisten en que la única respuesta a cualquier crisis que podamos
imaginar (epidemias de enfermedades, holocausto nuclear, guerras étnicas, la
venida del Anticristo, el colapso de los sistemas informáticos por el cambio de
milenio, y la lista podría continuar) es la de refugiarse en el bosque con
muchos alimentos y armas, y vivir una vida asilvestrada mientras las grandes
urbes caen destruidas en medio de las llamas.
Desde el punto de vista de los apocalípticos de la supervivencia, el cenit del
petróleo es una excusa más pare echarse al monte. Aun así, no es una razón muy
convincente. Ciertamente que el cenit mundial del petróleo nos llevará a una era
de costes energéticos crecientes y suministros decrecientes, lo que acarreará
muchos problemas económicos, sociales, políticos y demográficos, pero está aun
por ver el que haga un razonamiento creíble de que estos problemas causarán un
colapso inmediato y absoluto de la civilización. Nos enfrentamos a un declive,
no al Apocalipsis, y de cara a un declive gradual que se extenderá durante un
siglo o más, una estrategia basada en judías en lata y M-16s en una cabaña en el
bosque no sirve más que de distracción. Una visión más realista, con estrategias
realmente útiles se pueden encontrar ya fácilmente pasando de las fantasías de
machos apocalípticos a la realidad de la grave situación de la industria
mundial. Aunque el futuro que nos espera no sea apocalíptico, cuatro jinetes
definen el escenario mas probable:
El primer jinete en tomar la salida es la decreciente disponibilidad
energética. En algún momento de aquí al 2010, la producción de petróleo
alcanza su cenit, se estabiliza y comienza un irregular pero también
irreversible descenso. Los suministros de gas también comienzan su declive sobre
la misma fecha. Parte de ese déficit energético podrá subsanarse con carbón,
eólica y otras renovables, nuclear, y mediante ahorro energético. Pero según se
acelera el agotamiento de petróleo, y otros recursos como el uranio para la
fisión y el gas también alcanzan sus propios cenits, la fractura se hará mas
profunda, y muchos estilos de vida y modelos de negocio que dependen de la
energía barata dejarán de ser rentables.
El segundo jinete, a escasa distancia del primero, es la crisis económica.
Según empiece a disminuir la producción de petróleo, los precios energéticos se
dispararán a medida que las naciones, regiones e individuos se meten en cada vez
más guerras llevadas al extremo por culpa de la desenfrenada especulación. La
economía global, que tuvo sentido mientras duró el contexto de los precios
petrolíferos mantenidos artificialmente bajos de los 90, se rompe en mil
pedazos, llevándose consigo a muchos negocios basados en la importación y
exportación, dando comienzo a una ola de bancarrotas y quiebras empresariales en
cadena que causarán escasez de muchos productos de consumo, llegando incluso a
faltar de los más esenciales como comida y vestimenta. La subida de los precios
de la energía también afectará directamente en muchos aspectos de las economías
familiares. El desempleo se eleva hasta niveles desconocidos desde la Gran
Depresión y se extiende la pobreza.
El tercer jinete, por detrás del segundo en una distancia de uno o dos cuerpos,
es la quiebra de la Seguridad Social. El aumento espectacular de los
índices de pobreza, la escasez y el impacto del coste creciente de la energía
afectan a la cadena de suministros alimentarios, y de la misma manera el cuidado
de la salud intensivo en energía se convierte en un lujo solo asumible para los
obscenamente ricos, mientras que el calentamiento global y el colapso del
equilibrio en el ecosistema provocan la generalización de nuevas o antes
exóticas enfermedades, al tiempo que la desnutrición y las enfermedades se
convierten en grandes pandemias. La gente comienza a morirse de lo que antes
eran enfermedades comunes y perfectamente tratables, mientras que enfermedades
crónicas como la diabetes se convierten en condenas a muerte con la subida de
los precios de las medicinas hasta precios inalcanzables. Las tasas de
fallecimiento se disparan e inversamente la esperanza de vida se hunde,
provocando la primera gran ola de contracción poblacional.
El cuarto jinete, al galope de los primeros tres, es el desorden político.
Lo que la sociología política denomina "democracia liberal" es un sistema en el
que grupos de élite compiten entre sí para conseguir la confianza de sectores
del electorado ofreciendo a cambio dádivas generadas por el crecimiento
económico. Por tanto el sistema depende de un abundante combustible fósil y del
sistema industrial económico que lo transforma en crecimiento. Muchas de las
instituciones políticas de hoy en día no podrán sobrevivir al final de la
energía barata y el cambio hacia nuevos ordenamientos políticos podrán muy
probablemente provocar violencia. En política internacional tendremos el mismo
tipo de problemática ya que las naciones cuyo poder e influencia dependían de un
suministro de energía barato y abundante caerán de su actual posición
hegemónica, mientras que otra naciones "a la cola", verán como sus economías
menos dependientes energéticamente se hacen poderosas en vez de debilitarse en
el escenario mundial. Si la historia nos puede servir de maestra, estos cambios
en el poder mundial se resolverán en el campo de batalla.
Lo que es más importante de recordar sobre los cuatro factores es que se
autolimitan a medio plazo. Al subir los precios de la energía, la economía se
contrae, y baja la demanda energética, haciendo que los precios caigan esta vez.
Pero si la economía global se hunde por completo, las necesidades humanas
permanecen, y las economías locales cogerán el relevo de la mejor forma que
puedan utilizando los recursos a su disposición, dando nuevas oportunidades e
infundiendo nueva vida en sectores antes moribundos de la economía. Con la
quiebra de la Seguridad Social, el descenso de población aliviará a otros
sectores de la economía. Con el colapso de los actuales ordenamientos políticos,
nuevos regímenes tomaran el poder en su lugar, y como cualquier nuevo régimen
aparece para restablecer el orden de manera prioritaria. Por lo que nos
enfrentamos a un ciclo de crisis de aproximadamente un cuarto de siglo de largo,
seguido de un periodo de renovada estabilidad, con otro ciclo de crisis
esperando a la vuelta de la esquina. Hablando en perspectiva histórica, así es
como las civilizaciones caen, en un proceso escalonado en el que se alternan
periodos de crisis con otros de relativa estabilidad pero a niveles cada vez
menores de integración política y económica.
Estos son los desafíos ante los que nos hemos de enfrentar. Afortunadamente para
nosotros, es algo ya conocido para nuestra especie. Ninguno de estos cuatro
jinetes que he descrito entran nuevos en escena; nuestros bisabuelos ya los
conocían de sobra, e incluso hoy en día son familiares para parte de nuestra
especie. Solamente los que vivimos en las sociedades industrializadas del mundo
hemos podido olvidarnos de ellos, y solo a partir de la segunda mitad del siglo XX. Hasta entonces, la mayoría de la gente sabía ya qué hacer ante su aparición,
unas estrategias que de nuevo nos servirán para los tiempos que vienen. El único
problema es que tenemos que estar preparados para llevarlos a la práctica cuando
sea necesario. Ya que los gobiernos del mundo han desistido por completo,
corresponde a los individuos prepararnos para el futuro que nos espera. Cada uno
de los jinetes requieren una respuesta distinta, por lo que necesitaremos una
aproximación particular para cada uno.
Para hacer frente al primer al primer jinete, la estrategia central es
reducir el consumo energético. Cuanta menos energía necesites para
mantenerte vivo y confortable, más fácil te resultará hacer frente a un
escenario de costes energéticos descontrolados. Sin embargo, no valdrán pequeños
ajustes, por lo que será necesario hacer esfuerzos integrales en ahorro
energético que ya fueron ensayados con éxito en los años 70. Prevé un descenso
del uso energético a la mitad, para empezar, y estate preparado para cortarla
del todo si fuera necesario. Esto significa ya por descontado cambios en el
estilo de vida para la mayor parte de la población. Por ejemplo el
desplazamiento diario en coche pasa a ser cosa del pasado, y si lo necesitas
para tu trabajo, cambia de trabajo, o cambia de vida, ese es el patrón.
Despréndete del coche si puedes, y si no puedes, cambia tu 4x4 por un coche
utilitario, eficiente y compacto, guardado en el garaje bajo una tela y solo lo
utilices cuando sea realmente necesario. Mientras tanto, practica con apagones
eléctricos, cortes en el suministro o bajadas de tensión, serán de los más
frecuente en el futuro.
Para hacer frente al segundo jinete, elegir una profesión viable es la
decisión esencial. La mayor parte de los trabajos en nuestras sociedades
occidentales no producen los bienes y servicios necesarios, incluso la mayor
parte los bienes y servicios que se consumen en nuestras sociedades no se
producen dentro de nuestras fronteras. Este desajuste promete un desbaratamiento
generalizado de la economía durante periodos de crisis, ya que una economía y
una fuerza de trabajo orientada a las ventas, la distribución y a los procesos
de información choca con la nueva realidad económica que apenas tiene espacio
para estas estrategias, más bien tiene una desesperante necesidad de producir
alimentos, ropa y tecnología básica. Cualquiera preparado para introducirse en
un rol económico viable dentro de esta nueva realidad tiene muchas más
posibilidades de sobrevivir, e incluso prosperar. Necesitas elegir un oficio que
pueda funcionar con modestos aportes de energía, y cuyo resultado la gente
necesite o esté dispuesto a comprarlo incluso en los peores momentos. Piensa en
profesiones como hortelano, costurero, reparador a domicilio o fermentador de
uva o cebada. Necesitas adquirir tus herramientas con anticipación, por
supuesto, y cuanto antes pases la prueba mejor, incluso si solo lo consideras
como un hobby para fidelizar a tus amigos hasta que golpee la crisis.
Para hacer frente al tercer jinete, lo importante es hacerte cargo de tu
propia salud. La medicina moderna es uno de los sectores mas intensivos
en uso de energía y recursos en general de la economía, y de hecho se encuentra
fuera del alcance ya para más de la mitad de los norteamericanos. Para cuando la
primera oleada de crisis tengan lugar, da por descontado que el único cuidado de
la salud va a ser el que puedas darte tu mismo. Intenta aprender sobre medicina
preventiva e higiene, tomando clases de primeros auxilios en situaciones de
aislamiento, y prepara métodos propios para el cuidado de tu salud de la mejor
forma que veas. No olvides las alternativas al cuidado de la salud, ya que
aunque hay algo de curanderismo en el campo de las medicinas alternativas,
también hay mucho de valor, siendo muchas de las denuncias de las medicinas
alternativas simples intentos por proteger su cuota de mercado. Finalmente,
hazte consciente de la inevitabilidad de la muerte, ya que probablemente no
vivas tanto como esperabas, y si necesitas alta tecnología médica para
mantenerte vivo, morirás tan pronto como deje de ser accesible. La muerte es
parte de la condición humana. El simple terror ante la muerte que obsesiona a la
población de las sociedades industriales es un lujo que un mundo en proceso de
desindustrialización no puede permitirse.
Para hacer frente al cuarto jinete, las redes sociales nos proporcionan
la respuesta adecuada. Esto no significa tener que volver a esa especie de
proyectos utópicos que ya se probaron, y fracasaron estrepitosamente en los años
60; significa volver a lo ya conocido de probada efectividad que ha venido
siendo utilizado durante cientos de años por gentes que aprendieron como
trabajar juntos y es una herramienta esencial para la supervivencia. Si has
participado en alguna patrulla ciudadana, comprado en el mercado local, o
perteneces a alguna agrupación vecinal o comunitaria, ya has participado en
actividades de redes sociales. En el futuro, la ciudadanía local necesitará
mantener servicios básicos comunitarios como la salubridad, resolución de
litigios, seguridad ciudadana durante los periodos en los que el Gobierno cese
de actuar o no alcance a actuar. Conocer a tus vecinos, participar en
agrupaciones vecinales o comunitarias, ayuda a fortalecer relaciones que harán
de los acuerdos necesarios en caso de crisis una posibilidad viable.
Cada una de estas estrategias merecen ser detalladas por sí solas. |