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Una economía total es aquella en la que toda forma de vida, para entendernos, o
el derecho a contaminar es una "propiedad privada", que tiene su precio y se
pone en venta. En una economía total elecciones esenciales e incluso críticas
que en su día pertenecían a los individuos y comunidades se convierten en
propiedad de las grandes corporaciones. Una economía total, operando
internacionalmente, necesariamente reduce el poder del estado y de los gobiernos
nacionales, no solo porque esos gobiernos han renunciado a poderes
significativos en favor de una burocracia internacional o porque sus líderes
políticos se han puesto a sueldo de las grandes corporaciones pero sobre todo
porque los procesos políticos (y especialmente los procesos democráticos) son
demasiado lentos para reaccionar ante una economía sin cortapisas y un
desarrollo tecnológico a escala global. Y cuando el estado y los gobiernos
nacionales empiezan a actuar de hecho como agentes de una economía global,
vendiendo a su pueblo por bajos salarios y los productos producidos por su
pueblo a bajos precios, entonces los derechos y las libertades de los ciudadanos
necesariamente retroceden. Una economía total supone la absorción desenfrenada
de beneficios obtenidos gracias a la desintegración de naciones, comunidades,
hogares, campos y ecosistemas. Permite el crecimiento simbólico o real de la
riqueza por medio de la destrucción de la verdadera riqueza del mundo...
A falta de un gobierno que nos proteja contra la economía de las
multinacionales, el pueblo se encuentra como muchas otras veces antes: en
peligro de perder su seguridad económica y su libertad, ambas a la vez. Pero al
mismo tiempo los medios para defenderse siguen existiendo en la forma de un
venerable principio: los poderes no ejercidos por el gobierno deben volver a
pueblo. Si el gobierno no se propone defender nuestras vidas, formas de vida y
libertades de su propio pueblo, entonces el pueblo debe pensar en protegerse por
sí mismo.
¿Como podrá defenderse el pueblo?. Solo parece existir, realmente, una sola vía,
y es la de desarrollar y poner en práctica la idea de una economía local, algo
que un creciente número de personas ya está haciendo. Por muchas y buenas
razones, se está empezando por la idea de una economía de los alimentos locales.
Muchos son los que encuentran formas de acortar las distancias entre productores
y consumidores, de conectar más directamente entre ambos, y de hacer de la
actividad económica local un beneficio para la comunidad local. Están tratando
de aprender a utilizar la economía del consumo local en pueblos y ciudades para
preservar las formas de vida de granjas locales y comunidades agrícolas.
Pretenden utilizar la economía local para dar a los consumidores una influencia
sobre la clase y la calidad de sus alimentos, y para preservar la tierra y
mejorar el paisaje local. Quieren dar a todo el mundo en la economía local un
interés directo y a largo plazo en la prosperidad, riqueza y belleza de su
tierra. Esta es la única forma actualmente posible de hacer la economía total
algo menos total. Fue, supongo, la única forma de hacer una economía nacional o
colonial menos total. Solo que ahora la necesidad es mayor.
Entiendo que existe una frontera clara de pensamiento entre la idea de una economía
total y la idea de una economía local. Entiendo que el primer pensamiento debe ser
el reconocimiento de la propia ignorancia y vulnerabilidad como consumidor
frente a una economía global. Como tal consumidor, desconocemos el proceso de
los productos que utilizamos. ¿De donde vienen exactamente?. ¿Quién los produce?
¿Que componentes tóxicos se utilizaron para su producción? ¿Cuales fueron los
costes humanos y ecológicos de producirlos y de disponer de ellos?. Uno se da
cuenta de que tales preguntas no son tan fáciles de responder, y quizás sean
imposibles de responder de hecho. Aunque uno se encuentre comprando entre una
increíble variedad de productos, se nos está negando ciertos opciones igualmente
significativas. En tal estado de ignorancia económica no es posible elegir
productos que fueron producidos localmente o con un razonable respeto con los
trabajadores y con la naturaleza. Tampoco es posible para el consumidor tratar
de mejorar los procesos de producción. Los consumidores que se sientan
comprometidos con la tierra en la que viven se encuentran con que en la economía
total no existen prácticas de respeto a la tierra. Para ser un consumidor en la
economía total, uno debe estar de acuerdo en ser totalmente ignorante,
totalmente pasivo, y totalmente dependiente de productos lejanos y proveedores
industriales.
Y entonces, quizás, uno empieza a pensar desde lo local. Y uno se pregunta, ¿qué
es esto?¿qué estoy comiendo?¿puedo mejorarlo?. Desde un punto de vista local, el
"libre mercado" de la economía solo es posible si las naciones y los pueblos
aceptan ser ignorantes sobre la inherente inestabilidad de una economía
productiva basada en las exportaciones y una economía consumista basada en las
importaciones. Una economía exportadora se encuentra fuera de la influencia
local, de igual forma que una economía importadora. Un transporte barato y a
larga distancia es posible solo si se le suministra de petróleo barato, paz
internacional, control sobre el terrorismo, prevención de sabotajes y solvencia
financiera de la economía internacional.
Quizás ahora empecemos a ver la diferencia entre un pequeño negocio local que
depende de la suerte de su propia comunidad y una multinacional que fue creada
para distanciarse del destino de las comunidades locales al tiempo que arruina a
las comunidades locales en las que se asienta.
Podemos decir que la idea de una economía local descansa solo sobre dos
principios: vecindad y subsistencia. En una localidad viable, los vecinos se
preguntan que es lo que pueden hacer o darse entre ellos, y encuentran
soluciones dentro de los límites de su nicho ecológico. En esto consiste
básicamente la práctica de la vecindad. Esta práctica debe ser, en parte,
caritativa, pero también debe ser económica, y la parte económica debe ser
igualitaria; existe una gran caridad en el justiprecio.
Por supuesto que no todo lo que se necesita a nivel local se puede producir a
ese nivel local. Pero una vecindad viable es una comunidad; y una comunidad
viable está formada por vecinos que aprecian y protegen lo que tienen en común.
Esto es el principio de subsistencia. Una comunidad viable, como una granja
viable, protege su propia capacidad productiva. No importará nunca productos que
pueda producir por sí misma. Tampoco exportará producción local hasta que las
necesidades locales se hayan cubierto. La producción económica de una comunidad
viable se entienden como pertenecientes a las necesidades de subsistencia de la
comunidad o como un excedente, y solo el excedente se puede comercializar fuera
de sus fronteras. Una comunidad, si quiere ser viable, no puede producir solo
para la exportación, y tampoco puede permitir a los importadores utilizar mano
de obra barata y productos de otros lugares para destruir la capacidad local de
producir bienes necesarios para la comunidad. En términos de
caridad, además, deberá rechazar la importación de productos que se han
realizado al coste de una degradación humana o ecológica en algún otro lugar.
Este principio debe aplicarse no solo a nivel local, sino también a nivel
regional y nacional.
El principio de la vecindad y subsistencia es descalificado por los globalistas
como "proteccionista", y eso es precisamente lo que es. Solo el proteccionismo
es justo y seguro, porque protege a los productores locales y es la mejor
defensa de un suministro adecuado para los consumidores locales. La idea de que
las necesidades locales deben ser cubiertas en primer lugar y solo los
excedentes exportados no implica ningún prejuicio contra la caridad hacia las
personas de otros lugares o hacia el comercio exterior. El principio de vecindad
en casa siempre lleva implícito el principio de caridad fuera de ella. Y el
principio de subsistencia es de hecho la mejor garantía para los donativos o los
excedentes comercializables. Este tipo de protección no es un "aislacionismo".
Albert Schweitzer, que conocía muy bien la situación económica de las colonias
de Africa, escribió hace sesenta años: "Siempre que hay muy bien comercio de la
madera, las hambrunas permanentes reinan en la región de Ogowe debido a que los
paisanos abandonan sus granjas para cortar cuantos más árboles mejor." A
observar especialmente que el objetivo de la producción era producir "lo máximo
posible". Y Schweitzer me toma la palabra cuando dice:"Esta gente podría
alcanzar la verdadera riqueza si pudieran desarrollar su agricultura y comerciar
para conseguir sus propias necesidades." En vez de ello produjeron madera para
exportar a "la economía mundial", que los hizo dependientes de las materias
importadas que habían comprado con el dinero obtenido de las exportaciones.
Abandonaron sus medios locales de subsistencia, imponiendo el falso estándar de
una demanda externa ("cuantos más árboles mejor") sobre sus bosques. De esta
forma se hicieron indefectiblemente dependientes de una economía sobre la que
habían perdido el control.
Este fue el destino de los pueblos nativos africanos bajo el colonialismo
africano en tiempos de Schweitzer. Y este es el único destino de cualquiera que
se encuentre bajo el colonialismo global de nuestro tiempo. La descripción de
Schweitzer de la economía local de la región de Ogowe no se diferencia en sus
principios de la economía rural de nuestros días en Kentucky, Iowa o Wyoming.
Una economía total es en la práctica un gobierno total. El "libre comercio" que
desde el punto de vista de la economía multinacional ofrece un "crecimiento
económico sin precedentes", desde el punto de vista de la tierra y de sus
comunidades locales, e incluso también de las ciudades, supone la destrucción y
el neo-esclavismo. Sin economías locales prósperas, el pueblo pierde el poder y
la tierra su voz. |