CONTRA LA MONOCULTURA

Patrick Deneen(*)

La naturaleza rechaza la monocultura. La naturaleza odia tanto la monocultura que no puede existir junto con ella. Ha sido absolutamente desconocida excepto para el hombre moderno.

La monocultura es una sola forma de vida, o por extensión una sola cultura, que existe en un gran espacio geográfico, incluso global. La naturaleza rechaza las monoculturas porque son susceptibles de ser fácilmente destruidas por un agente destructor. En una planta o en la vida animal, por ejemplo, un simple virus o bacteria, un simple hongo destructor o enfermedad, un simple depredador hostil o peste puede borrar toda una monocultura sin la menor resistencia. Está en la propia naturaleza el evitar las monoculturas, y no puede ser de otro modo ya que cualquier forma de monocultura no tiene futuro viable en la naturaleza. La vida en el reino natural es múltiple y variada, precisamente para permitir que la vida siga cuando surgen los mortíferos desafíos a los que se tiene que enfrentar.

Se puede afirmar que la modernidad se caracteriza por la introducción de monoculturas. En política, pensadores como Hobbes y Locke articularon las primeras teorías políticas de carácter universal y anti-cultural, rechazando consideraciones de cultura local, historia y tradición en nombre de una concepción singular y monolítica de la legitimidad política. En economía, pensadores como Adam Smith introducen una teoría económica para la transformación del mundo en un solo gran globo sujeto a la lógica del mercado. En las ciencias, pensadores como Bacon, Descartes o Spinoza introducen el método que convierte todo saber local en algo irrelevante para el saber especializado de los expertos, y por una validez universal de los descubrimientos científicos.

Vivimos en una época en que las monoculturas triunfan, y desaparecen. A nuestro alrededor tenemos la evidencia de la casi total victoria de las monoculturas en casi todos los campos de la actividad humana, al tiempo que la imprudencia y fragilidad de las monoculturas se aprecia cada vez mas claramente.

En agricultura hemos encontrado la eficiencia a través de los monocultivos, olvidándonos de la necesaria rotación y variedad en los cultivos gracias a los derivados del petróleo utilizados en su producción. Hemos creado monocultivos de trigo, maíz, patatas, arroz, todos ellos cada vez más amenazados en un futuro con escasez de petróleo y agua. Los sistemas industriales de agricultura han agotado casi por completo el manto vegetal en el mundo, es decir, la fuente misma de la agricultura y por tanto de la vida humana en el planeta. El monocultivo agrícola, tan atractivo porque puede producir tan eficientemente gracias a la producción industrial, nos ha llevado a una atrofia del conocimiento sobre como producir otro tipo de cultivos. Incluso de cara a un futuro con decreciente producción de cultivos producidos industrialmente, necesitaremos el conocimiento de como producir de acuerdo con las condiciones locales que poseen las generaciones ya moribundas.



En finanzas hemos "racionalizado" nuestra economía para adaptarla a una escala mundial, tratando de sortear los riesgos de una quiebra local o regional del mercado mediante la extensión del riesgo a un mercado mundial. Por ejemplo, donde en su dia los créditos hipotecarios se concedían y tramitaban en bancos locales cuya propia solidez dependía de la comunidad en la que se asentaban; en cambio ahora esos mismos créditos hipotecarios son inmediatamente vendidos a compañías financieras transnacionales que en cambio trocean, separan, recombinan y venden esos créditos como un tipo de activo financiero para la más amplia selección de compradores. El hecho de que nadie se haga responsable o subsidiario aumenta de hecho el riesgo de quiebra, ya que existía todo el interés por hacer hipotecas a gente que no podría pagar, con la seguridad de que el crédito estaría liquidado de la contabilidad del primer prestamista en menos de 24 horas. Además, la crisis hipotecaria es un fenómeno mundial debido a la gran cantidad de créditos que se concedieron sobre las propiedades de los americanos, dañando a los bancos y firmas de inversión de todo el mundo. La quiebra de Bear Stearns, y su reflotamiento sin precedentes por la Reserva Federal, fue la consecuencia del profundo entrelazado de las finanzas de innumerables firmas con su mayor negocio en la propia América, y por ello la razón de que no se podía permitir que fallara. Si Bear Stearns caía, hubiera supuesto un efecto dominó sobre el sistema bancario, un pánico que hubiera podido resultar en un caos y convulsión internacional cuando el dinero dejara de tener valor.

Las escuelas que se supone educan a los seres humanos para que tengan vidas responsables también están sufriendo la transformación hacia la monocultura. Su objetivo es crear una ejercito móvil de vándalos itinerantes, trabajadores de la cultura corporativa internacional cuyo único propósito es producir para una monocultura del crecimiento económico. Nuestras escuelas fueron en su dia un granero de tradiciones locales y particulares, donde se daba una diversidad regional, religiosa y pedagógica, tan diversa y entrañable como el ecosistema local. Ahora todas ellas se esfuerzan por ser idénticas, totalmente temerosas de no ajustarse lo suficientemente al competidor que alberga exactamente los mismos temores. Durante mi quinto año en la Universidad de Princeton, un año antes había tenido que enviar materiales para la permanencia, acudí a una reunión para todos los del quinto año sin permanencia en la facultad organizada por el Decano. Su mayor advertencia fue que (además de "publicar", "publicar", "publicar") debíamos solicitar otros trabajos. La razón: una oferta de otra institución probaría tu valor a los ojos de Princeton. Pregunté, "si Princeton se fija en otras instituciones para establecer el valor de un miembro de su facultad, quién está fijando realmente su valor?" Rector de la Facultad: "El mercado". Yo: "Pensé que NOSOTROS establecíamos el estándar. Por qué presumimos entonces de ser los primeros del ranking?". El mensaje era claro: el estándar era la "excelencia académica" definida como nuestra reputación más allá de las puertas de Princeton, y definido de esta forma por la comunidad internacional de sabios. Su sello es la publicación en revistas de prestigio, "la creación de conocimiento", y no las contribuciones que estábamos haciendo específicamente, e incluso posiblemente limitadas a, la comunidad de Princeton. Es esta imagen de la ambición por la "excelencia académica" sobre la que todas las instituciones educativas se están modelando, todas bajo el mismo y monolítico patrón.

Al final, nos contaron, no existía otro estándar que la vasta y anónima monocultura intercambiable de la educación universitaria. Al final, no importa tanto si alguien que recibió una oferta se queda en Princeton o se va, ya que siempre se encontrará el mismo tipo de profesores y estudiantes en cualquier institución de élite. Dinero y estima de la comunidad internacional de sabios, nada de particularismos institucionales y lealtad, se convierten crecientemente en el salvoconducto para la profesión, de igual forma que para sus estudiantes. Una clase intelectual itinerante y desarraigada prepara una clase de estudiantes itinerantes y desarraigados, de hecho se considera esa itinerancia y desarraigo como símbolo de éxito. Todos comparten y asumen que el futuro es uno con crecimiento económico y expansión globalizadora, sin la menor duda o vacilación de que pudiera ser de otra forma. La monocultura de la educación superior prepara a nuestros estudiantes para la monocultura del mundo. Es a la vez el agente de, y la consecuencia de, la monocultura de la modernidad.

En todos estos casos, y uno podría añadir muchos otros, la posibilidad de fracaso es elevada. En agricultura y finanzas, los peligros planteados por la monocultura son obvios. En el ámbito educativo en cambio, somos más propensos a la autofelicitación, pero de igual modo abrazamos la monocultura que no nos servirá en el cada vez más probable caso de que el futuro no se desarrolla de acuerdo con nuestras expectativas para las que alegremente preparamos a nuestros estudiantes. En momentos como el actual es cuando deberíamos estar protegiendo especialmente la diversidad, biodiversidad, diversidad financiera (es decir, mercados locales) y diversidad educacional en nombre de las tradiciones locales, regionales, religiosas y pedagógicas (mejor que seguir ciego ante las aclamaciones pretendidamente "multiculturalistas" de los monoculturalistas). Sin embargo, en este momento seguimos aferrados a nuestra fe moderna en la lógica de las monoculturas, aunque las noticias parecen confirmar insistentemente que la naturaleza odia las monoculturas, y que la naturaleza no puede ser indefinidamente negada.

 
(*) Patrick Deneen es Profesor Asociado de la Universidad de Georgetown. Autor del libro "Democratic Faith".

 

 

 

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