Cuando las cosas que hacemos y usamos no
son hechas localmente, u organizadas localmente, entonces comprometemos
seriamente la identidad local. La influencia de los mass-media, la industria, el
comercio y las presiones de la globalización son de hecho inmensas. Por
comodidad, beneficio o por simple ignorancia, se desestiman formas locales de
hacer las cosas, reemplazándolas por la uniformidad de lo estandarizado. Incluso
si esto fuera deseable, como afirman algunos políticos, este tipo de posturas no
es sostenible en el mundo moderno. Filosóficamente, se promueve la ilusión
humana del predominio sobre la naturaleza, un camino de vía única que, en
ausencia de lo sagrado, depende de la creciente explotación de unos recursos que
están rápidamente disminuyendo en nuestro limitado mundo. Estas técnicas no
provienen ni del mundo natural ni de la naturaleza humana, y sin embargo están
perpetuando sistemas que parecen llevarnos ineludiblemente hacia su inevitable
final.
La dislocación humana es el resultado inevitable de esta experiencia individual
de separarse del medio ambiente local, las estaciones y el clima. Existen muchas
facetas de este hecho dentro de nuestras sociedades contemporáneas. Los
edificios con aire acondicionado, e incluso los coches, niegan las condiciones
predominantes del medio al tiempo que dilapidan valiosa energía y contribuyen al
calentamiento global. La iluminación eléctrica se mantiene innecesariamente toda
la noche, negando la oscuridad y difuminando la luz de las estrellas, con el
consiguiente impacto medioambiental. La hora que vemos en el reloj ya no está
relacionada con la posición del sol: las zonas horarias y el denominado "horario
de verano" (daylight saving time) suplanta lo natural por lo artificial. La hora
local ya es apenas reconocible, ya que la hora oficial centralizada se cuela en
las casas gracias a los medios electrónicos.
La percepción de las estaciones, también sufre dislocación por culpa del
comercio. En Inglaterra, los festivales tradicionales pasan desapercibidos para
la mayoría de la gente. Pocos reconocen Pentecostés, San Juan o Santiago. Las
decoraciones navideñas adornan las calles desde principios de noviembre hasta
finales de febrero, mientras que los Huevos de Pascua hechos con chocolate
aparecen en las tiendas alrededor de la Noche de Reyes (¡si es que saben lo
que es!). Los catálogos de compras para el invierno aparecen en medio del
verano, y los del verano en pleno invierno. Incluso los fenómenos naturales son
apenas reconocidos como una realidad que suceda localmente. Los reporteros de
televisión de Inglaterra denominan a los aguaceros del Mar del Norte mediante el
término Anglo-Hispánico estadounidense de Tornado. Las tradiciones locales y la
sabiduría tradicional es de esta forma ignorada, y suplantada por otro tipo de
consideraciones no del todo apropiadas.
Cada una de estas (y otras) consideraciones pueden parecer insignificantes en
si, pero el efecto acumulativo de todas ellas es nuestra dislocación respecto al
lugar, el tiempo y la identidad. Esta pérdida de diversidad cultural y la
consecuente disminución de la calidad espiritual de nuestra existencia cotidiana
es equivalente para la vida humana con la pérdida de habitats ecológicos y de
esta forma la pérdida de diversidad en la naturaleza. La extinción de las
variaciones locales conlleva el empobrecimiento cultural y a la alienación
social así como a una desvaloración del medio ambiente local. De esta forma, las
características intrínsecas que expresan la cultura local son infravaloradas y
son substituidas por otras menos adaptadas y menos apropiadas dentro de las
importanciones comerciales globalizadas. La verdadera cultura local en todos los
niveles es reemplazada por mitologías electrónicas. El resultado de estos hechos
es que mucha gente se siente ahora separada de su contexto.
A lo peor, nuestra identidad, que hace lo que nosotros somos, no puede ser por
más tiempo definida en base a una cultura local colectiva y sus valores
compartidos. Cuando esto sucede, donde estamos deja de tener relevancia para
nosotros. Nos hemos convertido en personas transferibles. Somos reducidos a
individuos alienados, nuestra identidad viniendo solo de nuestros nombres de
familia, nuestra herencia genética, y la documentación que nos obligan a llevar
como sujetos del estado y clientes de negocios. Aparte de esto, nos
identificamos por las modas que seguimos. En vez del contexto de la cultura
local, está la construcción de identidades personales alrededor de productos de
consumo, cultos y subculturas de moda. Estos individuos no tienen ninguna misión
en la vida más que ser consumidores de lo que se les ofrece, y alimentar a
nuevos individuos que les sustituirán cuando no puedan seguir consumiendo.
LA CONSERVACION HOLISTICA
Incluso al nivel tan avanzado en que nos encontramos en el proceso de
dislocación, pasos hacia la re-localización son posibles cuando todos los
elementos de la identidad local son tenidos en cuenta. En algunos lugares, se
promueven intentos para dar la vuelta a la carrera globalizadora. En 1998, por
ejemplo, organizaciones conservacionistas se reunieron en Escocia para crear un
nuevo proyecto englobando las Islas Argyll de Coll, Islay, Oronsay y Tiree.
Anterior a este proyecto, que fue promovido por el Heritage Lottery Fund, la
vida salvaje, el campo, las tradiciones culturales y la herencia histórica
habían sido tratadas separadamente, como si no tuvieran conexión entre ellas. El
nuevo proyecto, al que se le dio el nombre Anglo-Gaélico de Nádair Trust, se
fundó en mayo del 2000.
Nádair es un modelo absolutamente integrado para la auténtica renovación en un
contexto regionalista. El lugar donde la revista "The regionalist" se escribe,
entre los megaparques agroindustriales a las afueras de Cambridge y los Parques
de la Ciencia, donde la cultura local y el paisaje sagrado ya ha sido
seriamente, sino totalmente, dañado, este proyecto holístico y de renovación es
algo más que un desafío.
EL PAISAJE ESPIRITUAL
A diferencia de las modas siempre cambiantes del comercio global, el
regionalismo promueve la estabilidad y la continuidad de la cultura humana. Se
manifiesta holísticamente, a través de toda la gama de culturas humanas y su
interacción con el ambiente. Implica estar presente en su propio contexto, ya
que si uno no sabe de donde vienen las cosas, entonces no se puede entender
donde se encuentra uno y cual es el significado concreto.
Por ejemplo, las construcciones locales lo son en primer lugar porque usan
materias primas locales, hechas por artesanos especializados. Pero no solo están
hechos de materiales regionales, sino que están orientados hacia los vientos
predominantes y situados de acuerdo a los principios tradicionales de la región.
Al ser del lugar los hace completamente adaptados a su existencia en ese lugar,
con la utilización más económica posible de energía en construcción y uso. A
través del tiempo, las gentes han mejorado y adaptado sus edificios locales de
acuerdo a los últimos descubrimientos, sin llegar a perder vista de sus
tradiciones. Resumiendo, esta forma de construcción en nuestros días no es
supersticiosa, nostálgica o de culto a lo pintoresco o con deseos de
petrificación. Tampoco es un ejercicio de Romanticismo Naturalista.
Si seguimos la guía del tradicionalismo radical, llegaremos a comprender lo que
se ha perdido con el abandono de la mayor parte de las tradiciones vernáculas.
De acuerdo con la tradición espiritual europea, que ha sido la forma mayoritaria
de entendimiento aquí durante la mayor parte de la historia humana, cada lugar
tiene un único guardián o espíritu tutelar, que puede ser considerado como el
alma de un lugar, o el "anima loci". Los romanos lo reconocieron y veneraron
como "genius loci", el espíritu del lugar, que puede tomar muchas formas
culturales. Están los espíritus del lugar que refleja las formas naturales del
campo; aquellos relacionados con alguna característica particular, como una
colina sagrada, pozo sagrado, árbol de espíritu, y aquellos que se han
manifestado a los humanos con apariciones sobrenaturales. Algunos se identifican
con fundadores y fundadoras, héroes y santos cuyas leyendas nos informan del
carácter sagrado del lugar. Cuando son reconocidos, el lugar se fortalece.
Estos seres tienen existencia real o mítica, o bien son guardianes, santos
patrones y sus caracteres históricos están indefectiblemente unidos con la
identidad del lugar. Los caracteres adscritos a ellos según la tradición,
historia mítica o leyenda refleja de alguna manera el núcleo interno de la
identidad de estos lugares. Sus fundadores pueden ser los reyes británicos
Bladud de Bath y Gwrgan Varvtwc de Cambridge. La emperatriz Richelis es
recordada en Andlau (Alsacia), junto con su osa. Hay quienes de sus lugares de
enterramiento se convirtieron en lugares de peregrinación, como los reyes Pabo
Post Prydain de Llanpabo, en Anglesey, Athelstan en Malmesbury y St. Edmund en
la sepultura de St. Edmunds. También
existen los guardianes de personajes históricos como Sir Bevis de Southampton,
Guy de Warwick y Lady Godiva de Coventry.
Los dioses y diosas, así como los santos mitológicos de la iglesia, tienen
también su sitio. San Sidwell es recordado en Exeter. Zisa es recordada en la
ciudad de Augsburg en Bavaria, que fue en su DIA el sepulcro de esta diosa
Sueba. El antiguo rey Británico, Leir, del rey Lear de Shakespeare, es recordado
en el nombre de la ciudad de Leicester, con su estatua en Watermead. Las
personificaciones también son tenidas en cuenta, como en el caso de la estatua
de Bavaria en Munich y Portlandia en Portland, Oregon.
En julio de 2001, la estatua de St. Edmund se levantó en el centro comercial de
Bury St. Edmunds, Suffolk, East Anglia, la ciudad que lleva su nombre. Hay ya
muchas referencias a Edmund, el rey de East Anglia asesinado por los soldados
daneses en el 870 durante el asedio a la ciudad. Al mismo tiempo, el Príncipe
Carlos puso el primer ladrillo en la edificación de la nueva torre central de la
catedral. Su diseño está de acuerdo a la arquitectura religiosa de Suffolk.
Parte del trabajo en la campiña de las Midland asociado al Metro de las Midlands
implica un nuevo tranvía entre Birmingham y Wolverhampton, en 1998 supuso la
inauguración de la estatua de Sleipnir, el legendario caballo de Woden con ocho
patas. Fue colocado sobre una colina en Wednesbury, donde antes se situaba un
templo al dios de Mercia. Es un bello ejemplo de lo que puede hacerse para
celebrar la identidad local.
LAS MÚLTIPLES POSIBILIDADES DE LAS TRADICIONES LOCALES
Tradicionalmente, la identidad local siempre ha estado presente en artefactos
hechos por humanos. Los edificios locales reflejan la materia prima del lugar y
el medio ambiente. Las herramientas locales están perfectamente adaptadas a las
necesidades locales. Las tradiciones locales de vestimenta para diario o
vestidos ceremoniales para ocasiones especiales incorporan diseños tradicionales
que reflejan la identidad local e individual. Un bello ejemplo es el modelo de
suéter de los pescadores que define simultáneamente cada puerto de Inglaterra,
Escocia, Irlanda y Dinamarca, mientras que tiene variaciones por clanes
familiares que les identifica individualmente.
Otras formas culturales pueden retratar lo local de una forma creativa. La pieza
orquestral de William Jackson realizada en 1990 y titulada "St. Mungo: A Celtic
Suite for Glasgow" refleja la base espiritual de los símbolos de la ciudad de
Glasgow, que vienen de la leyenda de San Kentgern (popularmente conocido como
San Mungo). Un siglo antes, estos emblemas se habían rehabilitado bajo una forma
moderna por el notable arquitecto Charles Rennie Mackintosh en algunos de sus
edificios de Glasgow, re-interpretando la leyenda símbolo fundacional de la
antigua Stranthclyde. Este tipo de comprensión de las tradiciones nos devuelve
un proceso creativo del que pueden surgir nuevas formas, absorbiendo la
esencia local.
Pero, debemos siempre tener en cuenta, conociendo la naturaleza intrínseca del
ser humano, que cualquier buena idea puede ser usada para propósitos perversos.
Debido a esta posibilidad, debemos ser conscientes de algunos que intentarán
hacer de la identidad regional el pretexto para el enfrentamiento étnico y el
nacionalismo excluyente. Quienes asi actúan no están desarrollando la conciencia
regional, sino que están negando el pluralismo y la diversidad que existe en
cada región. Este proceso se realiza escogiendo solo sus temas sectarios según
sus intereses, mientras que tratan de borrar cualquier otro. Desde el principio
hasta el final del siglo pasado, Europa fue sacudida en guerras que provenían
justamente de esta percepción puesta en acción. De acuerdo con uno de los temas
de la Espiritualidad Tradicional Europea, es la función del Bardo, portador de
la tradición local, el utilizar sus habilidades y sabiduría para traer la paz y
la reconciliación.
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